Cuaderno

Publicado: 07/12/2014

La guardia con la que todo periodista sueña

Me despertó un rayito de Sol que se coló por la ventana. Sabía que ya eran las 12 del mediodía porque no existe manera de evitar que el astro apunte hacia mi rosto a esa hora. Abrí los ojos, me estiré y me senté sobre el borde del colchón.

Lentes de contacto en mano y una ducha para terminarme de activar en este caluroso domingo. Estoy de guardia, así que llevé la portátil a la cocina y la encendí, mientras me preparaba un par de arepas con suero.

Aire acondicionado a buena temperatura, pero no tan frío, porque pese a que hay bastante calor, decidí quedarme en bóxer y sin franela para mayor comodidad.

Me conecté al servidor del periódico y abrí el sistema editorial. Reviso la agenda y distribuyo mis páginas como me vino en gana. Pudiera abrir el Deportivo Lara, que juega en casa, o tal vez Cardenales de Lara, que vive un gran momento en la pelota.

Es temprano, pero lo suficientemente tarde como para comenzar a hacer la página de cables. También intento adelantar lo relacionado con las páginas de deporte local haciendo contacto telefónico con las fuentes.

Son las 4:00pm y comienza el partido del “rojinegro”. Destapo una cerveza, me muevo hacia el recibo y enciendo la tele. La transmisión de Promar TV me salva la vida para escribir la reseña del partido.

Ya son siete las frías y tengo lista la crónica del juego, así que sin más demora la monto en el sistema editorial. Una página menos. Me queda casi una hora antes que comience Cardenales en Puerto La Cruz, así que decido dormir un ratico.

Me despierto y el partido ya va en el quinto inning. Va 1-1, así que no me perdí de mucho. Reviso por la web para ponerme al día con lo que ocurrió hasta ahora. Enciendo la radio, porque el partido no va por TV. Pido una pizza, que me llega justo cuando Carlos Rivero saca la bola del parque.

Son las 11 de la noche y tengo la edición de mañana lista, completamente montada desde el remoto que tengo en mi casa. Aunque tuve que trabajar, lo hecho como he querido porque los domingos se hicieron para descansar.

Me despertó un rayito de Sol que se coló por la ventana. Sabía que ya eran las 12 del mediodía porque no existe manera de evitar que el astro apunte hacia mi rosto a esa hora. Abrí los ojos, me estiré y me senté sobre el borde del colchón.

Lentes de contacto en mano y una ducha para terminarme de activar en este caluroso domingo. Estoy de guardia, así que debo apurarme porque voy tarde y tenemos la agenda “full” de eventos que tenemos que ir a cubrir in situ. En la vía veo qué compro para comer.

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