Cuaderno

Publicado: 23/12/2015

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Querido Niño Jesús…

San Cristóbal de La Laguna, 23 de diciembre de 2015

Niño… ¿Te acuerdas de mí? Estoy seguro que sí, pero de entrada debí hacerte esa pregunta porque realmente ha pasado mucho, pero mucho tiempo, desde la última vez que te escribí.

La verdad es que han transcurrido tantos años que, para ser sincero contigo, no recuerdo qué edad tenía cuando a puño y letra te dirigí la última carta firmada por mí. Tal vez rondaba los ocho, nueve o 10 años, pero no más, de eso estoy completamente seguro.

Entre tus generosos e inolvidables regalos recuerdo un carrito a control remoto… bueno, si es que a eso se le podía llamar “control remoto”, porque no era uno de esos coches modernos, cuyo mando a distancia puede estar, incluso, del otro lado de la manzana, sino que se trataba de esos autos que estaban conectados con el mando a través de un cable.

Disculpa que me ría tanto al escribir esta parte, pero es que ese regalo me permitía ejercitarme de manera simultánea, porque debía salir corriendo tras el autito cuando decidía acelerar un poco. ¿Recuerdas?

Era un carro débil; bonito, modelo Ford Sierra, elegante y color negro, pero débil, tanto, que si un anillo o una chapa se atravesaba en el camino, él no podía continuar su dirección.

Tampoco tienes que haber olvidado aquellos walkie talkies, regalo que para mí significó una verdadera maravilla. Los tuve mucho antes de la aparición de los celulares… de eso te tienes que acordar: usaban baterías de esas cuadradas y no podías alejarte mucho del receptor, porque se perdía la señal. Sí, fue un regalo para mi hermanita “Tita” y para mí, en época de austeridad.

¿Y la bicicleta? ¡Joder! La rojita, rin 20… aunque ahora mismo no estoy seguro si fuiste tú o fue un regalo de cumpleaños. Da igual, porque sé que tú y mis padres jugaban para el mismo equipo por aquel entonces.

Fueron muchos, pero muchos regalos. Cada año aparecías y casi siempre me dejabas cosas que realmente deseaba tener, entre ellos guantes de béisbol, dardos, trenes, carritos miniatura, muñecos de mis comiquitas favoritas y balones, excepto pistolas, porque sabes que Hortencia es bien maniática con la violencia… como debe ser, supongo.

Quiero que sepas que estoy absolutamente agradecido por todo aquello, pero bueno, no estoy aquí sólo para recordarte lo maravilloso que fuiste conmigo durante esa etapa en la que crecí bajo toda inocencia, esa misma que postergó un poco la llegada de mi madurez, lo admito.

Sé que ya no soy un niño como tú y que tal vez estés completamente sorprendido por leerme tanto tiempo después, pero la razón principal de esta misiva es que, aquí entre panas, te volveré a pedir un regalo. Sí, así es, aunque más que un regalo es una solicitud, y acudo a ti porque no conozco a nadie más que pueda hacer algo al respecto, porque Santa no pasa por Venezuela y sabes que los Reyes Magos llegan mucho después, porque vienen un ratico a pie y otro caminando.

Sabrás que esta no será la primera Navidad que pasaré fuera de casa, porque muchos 24 y 25 de diciembre anduve dando vueltas en lugares distintos a la calle 12 del barrio La Feria, por lo que mi petición no es para tu llegada, no.

Lo que te encargo es que, una vez que ya estés respirando y abrigado en el pesebre, transmitas paz y alegría a los Blanco Torres, esa numerosa familia originaria de mi querida Barquisimeto… ¡Pero hazlo muy especialmente durante esos primeros segundos de 2016! Porque ciertamente será la primera vez, en 32 años, que no los abrazaré en Año Nuevo con las uvas en una mano y un trago de cualquier cosa en la otra.

Mientras tanto, yo seguiré aquí intentando ser un buen hijo, un buen hermano, un buen pana, un buen nieto, un buen esposo, un buen cuñado, un buen nuero y una buena persona de la cual ellos, allá en Venezuela, se sientan totalmente orgullosos.

Para no darle más largas a este asunto, porque sé que eres un Niño ocupado, me despido, pero no sin antes agradecerte por el tiempo prestado y por tu buena voluntad de hacer realidad los sueños de millones. ¿Que si te volveré a escribir? Dejémosle esa respuesta a la vida misma.

Con respeto y admiración,

Freddy Blanco Torres

PD: Sé que debí escribirte antes, pero como mi regalo no es para mañana, estoy seguro que el factor tiempo no será un obstáculo para ti.

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One Response to Querido Niño Jesús…

  1. Annerys Blanco says:

    Nos harás falta!

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